Saturday, December 12, 2009

Hacer lo que nos dicte el corazón

Hace un tiempo leí una entrevista al asesor de la cava de vinos del restaurante “Le Gourmet” del hotel Tamanaco de Caracas, Ettore Perin, donde dijo, con respecto a la escogencia de los vinos: “hay que tener un sacacorchos y ganas de probar, lo mejor es no quedarse con un mismo vino y una misma marca”.

Actualmente estoy terminando de leer la novela autobiográfica de Ernesto Sábato, “Antes del fin”. En un pasaje de la misma, cuando le preguntan sobre qué libros hay que leer, responde: “Lean lo que les apasione, será lo único que les ayudará a soportar la existencia”.

Concluyo que, definitivamente, hay que dejarse guiar por el corazón, por la intuición, por los instintos, por el sexto sentido. Nada pertenece a la casualidad. Hay siempre un mensaje que debemos descifrar, dentro de la hermosa melodía que escuchamos al latir nuestro corazón. Haz una pausa, relájate y escucha a tu propio corazón. Allí está la clave de muchas cosas…

Imagen: creación de www.donitaworld.com

Sunday, December 06, 2009

Twitter colapsado, conmoción general

Twitter colapsado... desesperación en la comunidad.

Estoy en el grupo que aún no tiene su cuenta en twitter, (servicio de microblogging que causa furor en internet). ¿La excusa? Falta de tiempo para dedicarle, como realmente se merece. Sin embargo lo sigo muy de cerca.

Es interesante el crecimiento vertiginoso de la red social twitter. Tal es la magnitud que ha puesto a Facebook contra las cuerdas y amenaza con convertirlo en un dinosaurio digital, como parece haber hecho con otras redes (myspace y otras).

¿La razón principal? La inmediatez. En segundos puedes saber lo que alguien a quien consideras “interesante” está haciendo,diciendo o compartiendo.

La multiplicidad de aplicaciones lo hacen aún más interesante (twitpics, tweetdeck, tweetphoto, twittonary, twenglish, y un largo etcétera), y puedes hacer prácticamente lo que quieras, cuando quieras y como quieras. Puedes enterarte aquí de algunas aplicaciones.

El crecimiento exponencial de la plataforma (como su valor en el mercado) luce imparable y sorprende incluso a sus propios creadores, quienes desde ya planifican y ponen en circulación innovaciones y mejoras en el servicio.

Cuando tengo el tiempo “#yoconfieso” que visito unas cuantas cuentas públicas que, en mi concepto, tienen algo interesante que decir. Hay vidas que definitivamente son divertidas, y su actitud me enseña a ver la misma cosa desde una óptica diferente; quizás su punto de vista es más optimista o inteligente que el mío sobre el mismo tema. Las aristas pudieran ser muchísimas más de las que imaginé.

Como toda red social, hay de todo, desde el famoso “know-it-all” o “sabelotodo, hasta el fastidioso, egocéntrico, la niña tierna e inocente, el lobo con piel de oveja, el que lo toma como un “chat” (hey! “#tweeternoesunchat”) y todos y cada uno de los variopintos elementos que conforman nuestra sociedad.

Me sorprende la velocidad de transmisión de la información (ya no tienes que esperar al telediario para enterarte del último acontecimiento político): te enteras ¡ya!, muchas veces de la mano del propio protagonista, desde el lugar de los hechos, sea en Cuba o en Irán, Australia o Afganistán.

Los noticieros y diarios se han convertido en auténticos “congeladores” de noticias. Un “Extra” del telediario en la TV ya genera la típica reacción: “ah, sí, lo vi en el tweeter de fulano, entra, hay fotos y todo”.

Cuando tweeter colapsa por el alto tráfico de usuarios, la comunidad realmente se desespera, a tal punto que el tráfico, lejos de disminuir, se incrementa mucho más. Conmoción general en los usuarios.

Definitivamente, y por los vientos que soplan, es Twitter quien traerá la verdadera revolución (sin la connotación actual de la palabra) informativa.

Tuesday, December 01, 2009

Bluesoul y "La Otra Isla"


Antonieta Hernández Gil (Bluesoul), amiga blogger de la isla de Margarita, Venezuela, me ha recomendado la lectura de un maravilloso libro, “La Otra Isla”, de Francisco Suniaga (Oscar Todtmann Editores, sexta edición, enero 2009). La presentación del libro es muy bonita, lo cual, aunque no parezca, hace más agradable su lectura.


Paso a contar las peripecias e impresiones alrededor de la lectura de este gran libro:
Cuando Bluesoul me recomienda el libro, como cosa extraña, estaba inmerso en otra hermosa lectura, representada por “La Leyenda del Santo Bebedor” de Joseph Roth (Anagrama, sexta edición, febrero 2009), y acababa de terminar “Kokoro” de Natsume Soseki (Editorial Gredos, 2009). Ambas novelas son extraordinarias para los sentidos y como es de comprenderse, la literatura, siendo para mí una vía de escape a la ingeniería, se presentaba como un hermoso oasis sensorial, sentimental, con prosas hermosísimas como las de Roth y Soseki.


Cada vez que termino de leer un libro, viene el mismo dilema acerca de cuál será el próximo de la lista, una lista que a veces es larga, pero cada libro tiene como un momento para su lectura, y el asunto difícil es descubrir cuál es ése momento.


Ya muchos saben que soy un eterno visitante de librerías, ante cuyos anaqueles paseo y me detengo, sólo cuando un libro me llama. Si, se siente el llamado a la lectura, a veces hasta sin mirar el anaquel. Cuando atiendes el llamado, solo atinas a alcanzar el ejemplar, mirarlo de portada y ponerlo bajo el brazo. Es amor a primera vista. El problema es saber cuándo comenzarlo, que en algunos la respuesta ha sido inmediata, incluso en la misma librería, pero no todos corren con la misma suerte.


Con “La Otra Isla” no fue diferente el proceso. Estaba indeciso entre tres libros: “Los Boys” de Junot Díaz (Mondadori, 1996), “Antes del fin” de Ernesto Sábato (Seix Barral, 2002) y “La Otra Isla”. Al no poder decidirme, comencé a leerlos todos al mismo tiempo, pero las historias son diferentes, y no podía mantener la atención sobre ninguno, hasta que decidí darle paso a “Los Boys”, de Díaz, más por influencia de su otro libro, “La Maravillosa Vida Breve de Oscar Wao” (Mondadori, 2008). Ningún libro se parece a otro, así que la impresión no fue la misma con “Los Boys” (eso es parte de otro post). A pesar de que Sábato es uno de mis autores favoritos, continué con “La Otra Isla” (que confieso haber leído simultáneamente con “Antes del fin”, sólo que con ésta última no he terminado).


La novela, querida Bluesoul, también es un homenaje a los sentidos, principalmente cuando describe las emociones de Wolfgang Kreutzer con los gallos de pelea. Que prosa tan hermosa la de Suniaga, qué dominio de las palabras tiene ese señor, de qué manera mantiene el interés del lector a lo largo de todo el libro, ha sido todo un descubrimiento para mí.


Y esa es una de las maravillas del blog, que te conecta con gente hermosa que es capaz de darte muy buenas recomendaciones literarias, como ésta, sin duda alguna.


Suniaga narra, con maestría, un suceso donde una persona cuenta que una creación literaria no es suya, sino que le ha sido dictada en los sueños (otra confesión onírica). Y uno a veces, cuando escribe (porque aunque todavía incipiente, yo también escribo literatura), de verdad siente que no está creando, sino que eso que escribe le está siendo dictado por alguien desde alguna parte. Me ha pasado, y le ha pasado a muchos otros.


Me vi reflejado allí, como también en el “…mañana, mañana!”, que no es sino una forma que tienen algunos de salir del atolladero cuando les pides la fecha de culminación de algo (lo vivo en mi campo de trabajo, sobre todo cuando de construcción se trata, cuando los tiempos son claves en el costo). Genial la descripción de que “para comprender el significado pleno de “mañana” antes había que saber que allí, el tiempo es de una magnitud distinta, condicionada por un tejido infinito de contingencias personales contra lo que nada ni nadie puede luchar”. Te juro que, por experiencia propia, eso no es exclusivo de la isla.


La novela, entre otras cosas (celebro haber descubierto a Suniaga) me llevó hasta esa Margarita que conocí de la mano de mi madre, por allá por los años 70, cuando la acompañaba a comprar mercancía para vender en Caracas. A esa Margarita oculta, que pocos conocen, y que se desenvuelve en poblaciones como la Fuentidueño de Marbelis Malaver, San Juan Bautista, El Maco, La Asunción, Tacarigua, es decir, donde las marejadas turísticas no se aproximan mucho. Una Margarita atractiva e ingenua al mismo tiempo. Llena de verde y de montañas. De casas de cuentos de Miguel Otero Silva y carreteras que parecen de otra parte. Justamente, esa es “la otra isla”.


¿La trama? A grandes rasgos cuenta la historia creada alrededor de la muerte de un alemán en la isla, cuya madre viaja desde Alemania a dilucidar las grandes dudas que le surgen a raíz del fallecimiento por inmersión de su hijo. Un abogado devenido en investigador decide llegar hasta el fondo del asunto, a solicitud de la madre de la víctima. El resto de la historia lo componen situaciones que se viven y que uno va observando de la mano del abogado, quien lo lleva a uno a las verdaderas entrañas de Margarita, y, entre otras cosas, a percibir la naturaleza de la gente que vive en una isla que no es la que conoce el común de los turistas que, por oleadas, la visitan cada año.

Saturday, November 28, 2009

El Jazz y Jacques Braunstein (In memoriam)


Se nos fue el Maestro Jacques Braunstein. Una gran pérdida para todos los que amamos el Jazz.
Aprendí muchas cosas de tan sólo escuchar sus programas en las emisoras 95.5FM y 97.7FM de Caracas. Gracias a él tengo la costumbre de escuchar cada tema, y luego leer completamente la reseña que trae el CD sobre el mismo, indagar acerca de cada ejecutante de instrumentos, sobre la atmósfera que envolvía la sesión de grabación, las anécdotas, lo que estaba sucediendo en ese momento en la escena jazzística norteamericana.

Con él aprendí sobre lo que es la sección rítmica, la sección de metales, la síncopa; conocí a través de su programa a grandes músicos, como Johnny Hodges, saxo alto de la orquesta del Duke Ellington, y Russell Procope, clarinetista de la misma.

El Maestro Braunstein fue una auténtica enciclopedia, teniendo como base una modestia a prueba de todo. Gran promotor del jazz en Venezuela, muchos músicos lo extrañarán por siempre.

Lo vi por última vez en el Concierto del pianista Leo Blanco en el auditorio de Corp Group en Caracas. Muy querido por músicos y asistentes al concierto, su vida, interesantísima, tuvo al jazz como una brújula, a través de la cual se movió durante más de cincuenta años.

Cuando pienso en la gente que más me ha enseñado en materia de jazz, no puedo evitar recordarlo, junto a Federico Pacaníns, Gregorio Montiel Cupello y Alejandro Tovar (de Allums, Centro Plaza).

Sus memorias, con mucha fortuna, han quedado plasmadas en el libro de Jacqueline Goldberg: “En Idioma de Jazz. Memorias Provisorias de Jacques Braunstein” (Fundación para la Cultura Urbana, 2004). Recomiendo ampliamente su lectura, especialmente para aquellos que, como yo, aman al Jazz.
A su alma...paz y jazz!!!

Saturday, November 21, 2009

Leonardo, tan sabio siempre...


Una imagen vale más que mil palabras...

*Imagen extraída del menú de la Trattoria "Da Vinci" en Maracaibo, Venezuela

Saturday, November 14, 2009

Confesiones Oníricas II

Los sueños… Bastante se ha escrito acerca de ellos y son muchas las horas que se han dedicado a estudiarlos, investigarlos, y a tratar de descifrarlos. Los hay húmedos, trágicos, misteriosos y reveladores, entre tantos otros adjetivos.

También se sueña despierto, como le sucedió, con terribles resultados a la bella Keiko, cuando, compartiendo emociones íntimas con el joven Oki, se desplazó sin querer al terreno de lo onírico y entonces pronunció lo inesperado, como relata magistralmente el laureado escritor japonés Yasunari Kawabata en el cuento “Un cielo cargado de lluvia”, parte del hermosísimo y ampliamente recomendado libro “Lo bello y lo triste” (Emecé Editores, 2007):

“La muchacha asintió con la cabeza y se dirigió al cuarto de baño. No se oyeron chapoteos, pero cuando regresó se la veía fresca y renovada. Se sentó al tocador y abrió su bolso.

Oki se aproximó por detrás.

–Me he lavado la cabeza en la ducha, pero no encontré más que crema fijadora, y no me gusta su olor.

–Póngase un poco de mi perfume –dijo Keiko, y le tendió un frasquito.

Oki lo olió.

–¿Qué hago? ¿me lo echo encima de la crema fijadora?

–¡Una gotita! –dijo ella sonriendo.

Él le tomó la mano.

–Keiko, no te maquilles.

–¡Me hace daño! –protestó ella y se volvió para mirarlo. Es usted es malo, ¿eh?

–Me gustas tal como eres. Tienes unos dientes y unas cejas tan bonitos.

Tocó con los labios las mejillas ardientes de Keiko. Ella lanzó un gritito cuando su silla se tumbó y la arrastró en la caída. Ahora, los labios de Oki estaban sobre los de ella.

Fue un beso muy largo.

Oki echó la cabeza para atrás para recobrar aliento.

–No, no. No te detengas –susurró Keiko y lo apretó contra sí.

El trató de bromear para ocultar su sorpresa.

–Ni los pescadores de perlas resisten tanto tiempo sin respirar. Te desmayarás.

–Haz que me desmaye…

–Ya sé que las mujeres tienes más energías…

Una vez más la beso largamente. Cuando quedó sin aliento la levantó en vilo y la depositó sobre la cama. Ella se ovilló.

No ofreció resistencia, pero a Oki le resultó difícil lograr que distendiera las piernas. No tardó en comprobar que no era virgen. Comenzó a embestirla con más rudeza.

En ese momento Keiko gimió bajo él:

–¡Ay!...¡Otoko, Otoko!

–¿Qué?

Oki creyó que pronunciaría su nombre, pero su vigor cedió al advertir que nombraba a Otoko.

–¿Qué has dicho? ¡Otoko! –Su tono era frio.

Ella se hizo a un lado sin responder.”

*Imagen: "Osaka", bello personaje del manga "Azumanga Deioh", soñando despierta...

Saturday, November 07, 2009

Confesiones oníricas

Sucedió hace mucho tiempo, pero el recuerdo de las escenas permanece en mí, como tinta indeleble.

Recostaba mi cabeza sobre sus piernas para descansar un poco, luego de un arduo día de trabajo. Sucedía lo mismo cada vez. Terminaba en los brazos de Morfeo. Tardaría unos diez minutos. Reparador para mí. Automático. Posar mi cabeza y perder el sentido.

En esos diez minutos hablaba en sueños. Coherente. Perfectamente audible. Como pasar un fragmento de la película de mi vida. Confesión involuntaria. Al despertar, ella preguntaba por nombres, situaciones en las que, a todas luces, no había estado presente. “¿Cómo sabes?”, sorprendido, inquiría yo. “Lo has dicho todo hace poco, mientras dormías”, me respondía ella. Nunca supe la causa de la alquimia del momento, pero, apoyada mi cabeza sobre esas hermosas piernas, confesaba, en cortas escenas, diversos aspectos de mi pasado. Hechos recientes y no tan recientes. Nunca supe todo lo que dije. Tenía que limitarme a lo que ella me relatara. No recordaba haber soñado con nadie, de nada.

Y no era común que yo hablara dormido. Nunca nadie me comentó sobre eso. Ni mi hermano, ni mi madre. Pero sobre esas piernas entraba en trance. Un trance divino. Como perder el sentido. Completamente reparador. Diez minutos quizá. Suficiente para contar una historia, o un episodio de la misma, con lujo de detalles, y nombres de personajes y lugares. Recuerdo que el cuerpo estaba horizontal a excepción de la cabeza, que reposaba inclinada sobre las preciosas piernas. Muchas veces abría los ojos y podía ver que me miraba con atención, como escuchando. Yo no tenía idea del tema sobre el cual hablaba, ni siquiera del hecho de que, segundos antes conversaba espontáneamente, trasladado en el tiempo, con otra persona, en otro lugar, y en otra situación.

Cuando me preguntaban, por los nombres de las personas y los lugares, podía rememorar el hecho acontecido, y cuando volvía a relatarlo, esta vez en plenas facultades sensoriales, ella, asintiendo, me decía: “eso es justo lo que acabas de decir mientras dormías”.
La situación se repitió muchas veces. Y hablé sobre muchas cosas. Pude haber dicho algo inapropiado alguna vez, pero nunca me lo dijo. Ni pareció molesta, al despertar. Más bien, y eso puedo recordarlo claramente, parecía sorprendida de la misteriosa situación, yo hablando, contando, conversando con alguien que no estaba presente allí, y al mismo tiempo, corporalmente entregado a los brazos de Morfeo. Confesiones oníricas…

*Imagen de www.oddee.com